Muchas personas asocian una buena absorción con texturas ultraligeras o sensación “seca”. Sin embargo, en dermocosmética, absorber bien no significa desaparecer de inmediato, sino integrarse correctamente en la piel.
La absorción depende principalmente de la base de la fórmula y de su afinidad con la estructura lipídica cutánea. Cremas con siliconas pesadas o aceites minerales pueden “deslizarse” fácilmente, pero quedarse en superficie. Otras, con lípidos más afines a la piel, pueden sentirse presentes al inicio y luego integrarse de forma uniforme.
Una buena absorción se reconoce porque:
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No deja residuo pegajoso
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No interfiere con otros productos
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La piel se siente equilibrada, no oclusiva
Cuando la fórmula está bien diseñada, la textura acompaña a la piel sin imponer una sensación artificial. Esto es especialmente importante en el uso diario, donde la constancia pesa más que el impacto inmediato.
Entender esta diferencia ayuda a elegir mejor y a no confundir ligereza con eficacia.
