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Nicotinamida, salud de la piel y lo que la ciencia realmente respalda

La nicotinamida, una forma de la vitamina B3, ha sido estudiada durante décadas por su papel en la biología de la piel. Recientemente, un estudio de gran escala publicado en JAMA Dermatology reforzó su posible utilidad en la prevención del cáncer de piel cuando se usa por vía oral, especialmente en personas con antecedentes de la enfermedad.

El análisis incluyó a más de 33.000 veteranos estadounidenses con historia previa de cáncer cutáneo y mostró que la nicotinamida oral se asoció con una reducción significativa en la aparición de nuevos cánceres de piel, particularmente el carcinoma escamocelular. El efecto fue más marcado cuando la suplementación se inició temprano, después del primer diagnóstico, con reducciones de riesgo de hasta un 54% en este grupo.

Es importante ser precisos: esta evidencia corresponde exclusivamente al uso oral. Los estudios evaluaron nicotinamida ingerida de forma sistémica, no aplicada sobre la piel. Aunque la nicotinamida tópica tiene beneficios bien documentados —como apoyo a la función barrera, mejora del tono y reducción de la inflamación— no existe evidencia clínica que demuestre que su aplicación tópica prevenga el cáncer de piel. Confundir estas dos vías de uso no sería correcto.

Uno de los motivos por los que la nicotinamida ha despertado tanto interés en dermatología es su perfil de seguridad. A diferencia de otros tratamientos sistémicos usados en prevención, como ciertos retinoides, la nicotinamida oral es bien tolerada, no requiere monitoreo de laboratorio y es de fácil acceso. Esto la convierte en una opción relevante en poblaciones específicas, siempre bajo criterio médico.

Dicho esto, el estudio se realizó en una población predominantemente masculina, mayor y de piel blanca, lo que limita su extrapolación directa a otros grupos. Además, al tratarse de un estudio observacional, no establece causalidad. Aun así, la consistencia con ensayos clínicos previos aporta solidez a los hallazgos y justifica que se siga investigando.

Para las marcas de skincare y para quienes cuidan su piel con criterio, la conclusión es clara: no todo beneficio se puede trasladar automáticamente a un producto tópico.
La nicotinamida oral muestra potencial en contextos específicos de prevención. La niacinamida tópica cumple otro rol, igualmente valioso, pero distinto: apoyar la función de la piel, su resiliencia y su equilibrio, no actuar como un agente médico preventivo.

Hacer estas distinciones importa. Respetar lo que la ciencia respalda —y lo que no— también es parte de un cuidado de la piel serio y responsable. Así, bien explicado, pues.

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